Jerry Lewis hizo reír a Marilyn Monroe

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Difícil escribir sobre un fracaso, el que al final parece ser fue el del maravilloso Jerry Lewis, cuando acabas de enterarte que tú mismo eres un fracasado sin remisión y sin la posibilidad de morirte a los 91 años como él en una maravillosa casa de cualquiera de esos rincones desiertos que los ricos tienen para disfrutarlos ellos solos.Tú cronista del tres al cuarto acabarás muy lejos de California, en un rincón donde pronto los yihadistas tendrán sucursales, cerca del Mediterráneo, es decir que ni por tierra ni por mar ni por aire. Estás foutu, compañero de correrías en los bares de San Xenxo, con cuatro golfas pequinesas y kilos de mariscos del Cantábrico..

Porque cuando el cine norteamericano decidió la inevitable conquista de Europa, indispensable para extenderse por el mundo, quiso dejar patente que Hollywood sería siempre único y que por mucho que hubiese talento en Europa, nada que hacer.

Entonces crearon ese Hollywood de casas palacios de todos los colores y estilos donde se fueron asentando las grandes estrellas que iban saliendo poquito a poco de las manos de grandes artesanos de cine.

Charles Boyer, Mirna Loy, Chaplin, Cary Grant, Bette David, Katherine Hepburn, Henry Fonda, Montgomery Clif.

Algunas de esas estrellas llegaron a formar vida propia con las casas de cuentos de hadas que les iban construyendo y la historia de Hollywood se construyó.

Jerry Lewis vivió 91 años, sin parar, a toda pastilla, girando en la rueda de la fortuna, pasando de “El profesor chiflado” al “Rey de la comedia”.

Su gran época fue como pareja de Dean Martin. El guapo judío del que se decía que tenía una boquita llena de insultos para cuando le daba la gana, triunfó desde el principio, no porque fuera judío y probablemente rico como podrían pensar los de siempre sino porque tenía ese talento raro, rarísimo, cada vez más perdido, de hacer reír con el menor gesto, de mantener una carcajada abierta hasta que le daba la gana con solo teclear en una Underwood o no haciendo absolutamente nada.

Llevaba el humor en la sangre. Escupía chistes, sangraba sketchs que solo o con Dean Martin volvían majara a las multitudes.

Era un humorista-cómico de raza. No tenía que improvisar ni estudiar sus papeles porque le salían solos, se iban de paseo cuando él menos se lo esperaba y antes de que pudiese pensarlo seriamente la película o la representación en Las Vegas estaba en el bote.

¿Qué no fue así? ¿Y ustedes que saben, mangantes del Google, incapaces de tener una idea propia? Es posible que no fuese tan veraz y exacto como lo cuento, pero no tiene la menor importancia porque Jerry Lewis podía permitirse hasta hacerlo casi todo.

Me contaron la historia de un payaso de circo que había pasado veinticinco años divirtiendo a un público exquisito que le recompensaba en cada función sin escatimarle aplausos. Un día se miró al espejo y se vio guapo y apuesto y le comunicó a su agente que ya se le habían acabado las payasadas. Una noche salió a la pista y recitó un monólogo de Shakespeare. No hubo dos. Ni nunca más volvió a ser payaso. Los niños le habían olvidado.

Jerry Lewis siguió ejerciendo ese oficio tan difícil de hacer reír siempre. Salvo que en cierto momento pensó en toda su familia judía, que había sufrido probablemente en los campos de exterminio nazis, y decidió recordarlos.

Podía haber sido un triunfo. “The Day The Clown Cried”, así se llamaba la película de homenaje, contaba la historia de un payaso capturado por los nazis que deciden utilizarlo para que haga reír a los niños judíos mientras son conducidos a las cámaras de gas.

Dicen que el fracaso fue tan rotundo que el filme desapareció.Pero terminar una crónica sobre el rey de los cómicos de forma triste es una barrabasada.Y no hay más remedio que ponerle otra rosa roja en su tumba recordando lo que dicen gacetas enteradas, Jerry Lewis tuvo el privilegio que pocos consiguieron, incluso entre los más famosos, de pasar una noche con Marilyn Monroe.

Seguramente la actriz le vio en un espectáculo, quizá todavía estaba emparejado Jerry con Dean Martin, y se prendó de él, del payaso, no del guapo.

Como esto no es un consultorio sentimental, reseñemos únicamente que Jerry Lewys comentó que después de revolcarse con Marilyn, quedó lisiado durante un mes.Pero, alto ahí, no vayan a creer que la espalda rota para la que John F. Kennedy necesitaba una faja especial y una butaca especial en la Casa Blanca era por un motivo parecido.Ni hablar, abajo leyendas. Kennedy se ganó esa lesión para toda la vida cuando su padre lo mandó brevemente a la guerra para convertirle en un héroe suficientemente presentable como para que figurase en un cartel electoral.

Autor entrada: onmagazzine