Michael Finney y los perseguidos de EU refugiados en Cuba

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

En la isla nadie sabe cuántos son los refugiados porque viven bordeando la clandestinidad, aunque corren la misma suerte cotidiana de los cubanos. En Estados Unidos se dice que serían 70 y habrían llegado hace 40 años, cuando algunos afronorteamericanos acudieron a los tiros para luchar por los derechos civiles en su país.Eran los tiempos de Martin Luther King (asesinado en 1968), de la discriminación racial en  grado salvaje del  Ku Klux Klan ,  el magnicidio de 1963 había truncado la promesa de cambio con la que John F. Kennedy debutó como presidente  y el decenio de los 70 arrancaba con el signo de la definitoria guerra de Vietnam.

Corría la  Guerra Fría y otros también optaron por las armas como recurso político extremo en Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, en busca de reeditar la revolución de Fidel Castro, quien entonces empezaba un desafío inconmovible  a todas las administraciones que desfilaron por Washington.

Y en ese contexto explosivo buscaron refugio aquí latinoamericanos de casi todos los rincones y también los estadounidenses calificados de “asesinos” por Donald Trump, quien ha exigido a La Habana su devolución inmediata.

Assata Shakur -Joanne Chesimard- es la única mujer de ese grupo incluida en la lista de las personas más buscadas por el FBI,  acusada de la muerte de un policía en 1973. Miembro de las Panteras Negras y condenada a cadena perpetua en 1977, escapó de una cárcel de Nueva Jersey en 1979 y después se radicó aquí.

También cuentan Charles Hill y Nehanda Abiodun , quienes tras la aproximación a La Habana iniciada por Barack Obama en 2014 y detenida por Trump el 16 de junio pasado, declararon a un medio estadounidense que el gobierno cubano les había asegurado que no serían extraditados.

Hill, junto con  Ralph Goodwin  y Michael Finney eran miembros en 1971 de la denominada República de África Negra, cuando se enfrentaron a tiros con la policía en Albuquerque, estado de Nuevo México, encuentro en el que resultó muerto un agente. Un mes después secuestraron un avión comercial y lo hicieron aterrizar en el aeropuerto de La Habana.

Pueden haber otros en esta categoría  -sus nombres no han trascendido-  y en torno a ellos el gobierno cubano reafirmó la posición que ha mantenido en todos estos años: “Cuba ha concedido asilo político o refugio a luchadores por los derechos civiles de Estados Unidos. Por supuesto que estas personas no serán retornadas a Estados Unidos, que carece de base legal, política y moral para reclamarlos”.

A Michael Finney, uno de estos hombres-sombras para la mayoría de los isleños, lo conocía por casualidad y accedió a que lo entrevistara con una sola condición, “no ser manipulado como he sido en muchas ocasiones por los medios tradicionales de EU”.

Y no eludió preguntas que fueron delicadas. Sobre el intercambio a tiros en Albuquerque, dijo que “no había sido el primer encuentro con la policía (…),  nosotros promovíamos la defensa propia activa con armas (…) y la búsqueda de la policía se convirtió en la más grande de Nuevo México, daban incluso 30 mil dólares por cualquier información”.

“Nosotros buscábamos la forma de continuar la lucha dentro de EU, pero se nos había acabado los contactos, los escondites, el dinero, era imposible salir del rodeo en que nos encontrábamos  y no quedó otra alternativa que asaltar un avión comercial y dirigirlo a Cuba”, rememoró. “Yo no me considero ni un terrorista ni un asesino (…) yo me considero un luchador por la libertad del pueblo negro norteamericano que hoy sigue sufriendo la misma injusticia y brutalidad policial que ha padecido desde siempre”, enfatizó aquella mañana de 2002.

Dos años después murió de cáncer de pulmón, manteniendo los mismos criterios que sostuvo en la entrevista, sin dejar de vivir discreta y humildemente en La Habana como traductor.

Esta fue la última de las muy contadas declaraciones que hizo. “No tengo la sensación de que EU pueda presionar para nuestra extradición, nunca lo he sentido, porque siempre he estado convencido de que el gobierno de Cuba ha reconocido en todo momento que la nuestra fue una lucha en todo momento política, nosotros no éramos asaltantes de bancos, ni ladrones (…). Nosotros creemos en un movimiento político armado, y siempre he tenido la impresión que los cubanos entienden eso”.

Michael Finney dejó esposa e hijos cubanos y solo sembró respeto en quienes lo conocieron.

 

 

 

 

Autor entrada: onmagazzine