La salsa no muere

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

El programa Realidades de la televisora Tele Sur, presentó el jueves 22 en la noche un reportaje documentalizado dedicado a la salsa latina, un fenómeno de la mitad del siglo XX, uno de los acontecimientos memorables de la música de América Latina. La salsa fue el renacimiento de una era musical que corrió paralelo al boom de la música de acero del pop electrónico de Los Beatles, demostrando que en el mundo dominan dos músicas: la de origen jazzístico-rock y la de origen cubano con tumbaos y montunos sobre la clave habanera surgida de la rumba. En el centro de toda esa música sabrosa están los ritmos cubanos (son, guaracaha, danzón-mambo y la rumba), ya lo había escrito Cesar Miguel Rondón en su Libro de la salsa:


“En la década de Cuba seguía siendo el centro de la música caribeña, el toque último seguía estando en la Isla grande: el Norte único era emular el sonido y sabor cubanos, y la meta definitiva superarlos, cualquier otra alternativa se descartaba de antemano. Y es que Cuba, viviendo de la farra permitía el cultivo de las más diversas manifestaciones y estilos. El mambo, el cha cha chá, las colosales orquestas de charanga: Melodías del 40, Arcaño y sus Maravillas, Ideal, Belisario López, América, Jorrín, Fajardo y sus Estrellas, Aragón, Sensación, Neno González. La rumba estrepitosa, las grandes orquestas de jazz band como Casino de la Playa (Miguelito Valdés) Lecuona Cuban Boys (Armando Oréfiche), Pérez Prado, Benny Moré”.


“Y no es cuestión de afirmar que sólo Cuba poseía ritmos de valía o de interés entre los diversos países de la región –sigue escribiendo Rondón–, se trata simplemente de entender que Cuba logró reunir todas las condiciones necesarias para convertirse en el centro musical del Caribe. Sería muy difícil desarrollar e imponer internacionalmente ritmos que no tuvieran la marca del son. Las bombas de Ismael Rivera de Puerto Rico fueron rematadas con montunos cubanos. La cumbia colombiana quedó reducida al folklore, lo mismo pasaría con muchos de los ritmos negros de la costa venezolana. Las fabulosas orquestas cubanas condenaron a una virtual muerte prematura a esos ritmos. La presencia de la sonoridad cubana, por lo tanto ya era inevitable”.


Cuba alimenta casi todo el origen de los ritmos de la música de América latina, desde el tango, el samba, la danza mexicana, el merengue y hasta el mismísimo jazz. La poderosa habanera es la primera que nutrió a todo el continente, le siguieron la rumba, la conga, la guaracha, el danzón, el mambo, el cha cha chá, el bolero y otros géneros musicales enormemente ricos, vivos y universales.


Cuba aporta el concepto y fundamento sonoro, las variables tímbricas de la música del siglo XX en América. La salsa latina fue la manera que encontraron de rescatar la herencia musical cubana, luego que Cuba fue excluida de la industria de la música y el disco, a partir de 1959.


En la remodelación de la música cubana ayudaron los latinos, especialmente los cubanos instalados ya en Nueva York, además de los puertorriqueños y de otras nacionalidades. El imperio de la salsa fue dominado por la firma de la “Fania All Stars record”. El emporio se funda en 1963, la compañía Fania Record, la mejor banda del mundo, con Jerry Masucci y Pacheco y se convirtieron en el sello más popular de la música latina. Estamos entonces en 1964: todo está listo para que ocurra algo muy importante en la historia de la música latina contemporánea: la creación de Fania. ¿Cómo nace la compañía?


HABLA JOHNNY PACHECO:


“Como las cosas iban bien con el sello Alegre, con el dinero de mis discos yo decidí hacerme socio del negocio y empecé a traer gente para la compañía: Orlando Marín, Eddie Palmieri, Kako. Después tuve diferencias con los pagos; entonces me asocié con Jerry Massuci, mi abogado. Buscamos 2 500 dólares prestados para grabar un disco de Pacheco y su Charanga, que se llamó Cañonazo, donde había un número titulado Fanía Funché, de Rolando Bolaños (Flaqué). Y de ahí sacamos el nombre de la compañía que fundamos entre los dos, porque esa palabra no es sólo pegajosa para los latinos, sino también para los americanos y nosotros queríamos llegar a todos los mercados. Compramos una serie de sellos pequeños: Tico, Alegre, Inca. Empezamos a traer gente: Bobby Valentín, Larry Harlow, Ismael Miranda y poco después a Willie Colón y Héctor Lavoe. Todo éramos gente joven con deseos de hacer cosas y creo que la hicimos bastante bien. La materia de todo esto se encuentra en la raíz de la música cubana”.


Pacheco y Masucci fueron repartiendo los discos en un viejo carro Mercedes Benz, con una empresa doméstica, hasta que en 1971 celebraron en el salón Cheetah (52 y 8va. Avenida.), el primer recital de la Fania Al Stars, de esa presentación salió la película Nuestra Cosa Latina, cuatro álbumes con el concierto. La idea surgió del locutor estadounidense Simphony Six. Se planeó para 1200 asistentes y se colaron 4 mil. Comenzó a crecer el proyecto Fania.


Entonces es cuando Nueva York es conquistada por la salsa de la Fania que domina el panorama musical latino por medio de películas, conciertos y grabaciones. El 24 de agosto de 1973, cuando en Cuba se forman Los Irakere, la Fania se propone un salto espectacular. Se organiza lo que sería el más grande concierto de salsa en Nueva York, una soberana descarga y alquilan el Yankee Stadium, donde asisten más de 20 mil personas, un concierto multitudinario.


Abre la velada la Típica 73, le sigue Mongo Santamaría, el monstruo del Latin Jazz. Continúan el Gran Combo de Puerto Rico, con Andy Montañez y para el final el plato fuerte, la Fania All Stars. Comienza el frenesí, la locura colectiva. Después del consorcio de la Fania vino la RMM de Ralp Mercado y, así se mantuvo la música salsa dominada por la industria musical capitalista.


Ya estamos remontados en el siglo XXI, nuevas músicas han parecido, pero la música para bailar de origen cubano puede tener un nuevo aire en cualquier momento. Cuba nunca se ha interesado en conformar una “industria de la música popular cubana”, mientras tanto, en el exterior se llenan los bolsillos con los ritmos cubanos, con el patrimonio de una música que se gestó con una saga heroica a través de sus músicos, orquestas, compositores, repertoristas, productores, disqueros, empresarios, promotores musicales que van desde Fernando Ortiz, Alejo Carpentier, Leonardo Acosta, Radamés Giro, Helio Orovio y muchos defensores de la música cubana en toda América.


Recordemos el renacimiento del son y la trova tradicional con la explosión de “Buena Vista Social Club”, Juan de Marcos González reveló que la firma Word Circuit alcanzó cifras millonarias. Tanto Masucci como Ralp Mercado pasaron de 200 millones por recaudaciones. En octubre de 1985, Gabriel García Márquez dijo a la revista Opina de La Habana: “Si Cuba vende su azúcar, ¿por qué no vende su música convenientemente?”

Autor entrada: onmagazzine