Las manos de mi madre

 
Maria A. Rodriguez
 Mi agradecimiento a la escritora Rosa Pedrazzini que me inspiró este poema .    
En aquellos  días hostiles
las manos de  mi madre zurcían desgarros
y unían costuras
para vivir sin perder la dignidad.
Durante  los otoños, al calor de la lumbre,
tejían  jerséis  y bufandas que nos libraran
de los inmensos fríos del invierno.
 
Conjurando los desmanes del tiempo
las manos de mi madre
 combinaban las piezas del vestido
como retazos de cielo que debían ser hermosos
y resultar armónicos
aún en la más absoluta adversidad.
 
Rompiendo los moldes del invierno,
las manos de mi madre
 lavaban la ropa  en agua helada
y portaban  cántaros de la fuente
apoyados en su frágil cintura,
con tal diligencia
como  si estuvieran tocados
 por la ingravidez.
 
En lentas madrugadas de plata,
 las manos  curtidas  de mi madre,
cortaban leña, prendían carbonillas,
y convertían en ascuas de oro los carbones
para que en el hogar no faltara nunca
ni el fuego ni el calor.
Y adornaban las ventanas de tiestos con flores
para alegrar el corazón
y no perder nunca la esperanza
de sobrevolar la vida.
 
Las manos, entonces jóvenes de mi madre,
afrontaban todos los desastres sin bajar la guardia,
alentaban  proyectos,
evitaban peligros
y vigilaban permanentemente
para parar en seco los golpes de la vida
y que no se hicieran imposibles los sueños.
 
 Aquellas manos, ya viejas y arrugadas,
aún prodigan caricias  en un distante espacio
que hoy  ya no comparto
 y  vigilan  atentas
por si fuera preciso algún  otro milagro.

Autor entrada: onmagazzine