Madrugada del trece (2 parte)

¿Más qué ocurrió entre el mediodía del doce y las primeras horas de la madrugada del trece cuando entró R, nuestrocorresponsal, antes que dejara trasladado en la crónica su desconcierto, su tremenda confusión y sensación depavor ante la soledad y oscuridad de una ciudad en la que se esperaba una fuerte resistencia? Volvamos atrás una vez más. Ocurrió que todo se había precipitado desde que unas horas antes cayera Mollina sin apenas resistencia, y no lo dice nuestro corresponsal, pero podría decirse sin exagerar que cayó por causa de las famas terroríficas de las vanguardias de moros y legionarios del coronel Buruaga,: casi sin tiros cayó Mollina cuentan, casi sin hacer nada los republicanos por defenderla dice el corresponsal ufano, muy pagado de si mismo, pues los milicianos viendo huir a las gentes de Humilladero por las sierras de la Camorra y resonando en sus corazones los disparos hechos a quemarropa a decenas de personas que se habían refugiado en el cementerio de Fuente Piedra apenas tres horas antes, debieron preguntarse para qué el sacrificio estéril, quizás se dijeron mejor retirarse del llano y fortificarnos en las alturas. Pero la autentica verdad del abandono subyacía en todos ellos a causa de un terror irracional a caer copados, pues veían en las horas que el calor era más asfixiante como partiendo desde el cruce de campillos los Tabores de Regulares cruzaban el rió Guadalhorce por el vado inmediato al cortijo de Carlos Blázquez con la intención de escalar las alturas que envuelven Antequera por el sur y el oeste, acompañadas de baterías de alta montaña por si fuera necesario cañonear la ciudad. Los republicanos vieron en aquellos movimientos el inicio de una tenaza, el principio de una maniobra envolvente que cerraría Antequera y a los antequeranos en una bolsa sin posibilidadde escape, y quizás en aquellas horas en que un sol agobiante quemaba la ciudad, en aquellas horas que los turbantes de la morisma y los gorrillos isabelinos de los legionarios asomaban ya por las alturas de los montes que rodean la ciudad, surgió de nuevo el grito que paralizaba corazones y ánimos desde semanas atrás en toda la campiña de Andalucía la baja, aquel grito que aterrorizaba por su eco de muertes ¡que vienen los moros! Y un éxodo sin precedente al sur, a Málaga, una huida sin precedentes se inicia: hombres en su mayoría, milicianos y republicanos, todos los que soñaron con un mundo más justo, mujeres y niños inocentes, casi todos a pie y con unos pobrísimos hatillos, con lo imprescindible, con lo que pesa muy poco…. La ciudad quedó antes que anocheciera muy mermada, y los que quedaron no estaban para fiestas pues paralizados por el terror estaban. De la Toma de Antequera, Notas de un testigo. R.

Autor entrada: onmagazzine