Los 4 Fantásticos, moi non plus

 

Sergio Berrocal | Montaje Sergio Berrocal Jr.

Cuando ves “Los 4 Fantásticos” por primera vez, por única vez, porque es imposible soportar tanta belleza plástica y verlo dos veces sería la muerte por malformación cromática…

Lo miré, confieso, en un momento de aberración, de desesperación rellano con el suicidio, y después me zambullí en la caja de Prozac porque te das cuenta de que estás en un mundo donde no entienden, pobres paganos llenos de cucos sin nido, ni tan siquiera el mensaje celestial de una película en la que, ay pobre de ti, lo único que te parece fantástico son las piernas de Jesica Alba.

Impresionado he quedado sobre todo por el desarrollo mental fuera de todo freno del guionista que ha ideado cómo uno de los 4 fantásticos cae en un desierto, le mete fuego a una tienda de campaña de unos sorprendidos indígenas (¿serían pateros?) y antes de marcharse charla fugazmente con un aburrido camello que tiene el perfil del senador McCarthy, aquel norteamericano que se empeñó en erradicar a los simpatizantes comunistas del cine. Así ha quedado Hollywood. Y como prueba fantásticos van y vienen.

Otra cosa que me ha preocupado de esta película es que Jessica Alba va por el espacio diciendo unas cosas antes de quedarse desnuda, aunque no recuerdo haberlo visto. Me ha parecido que en realidad anunciaba la venida de Jesús a Jerusalén, pero tampoco estoy seguro.

Tuve una vez un amigo en París que me dio un truco para ser feliz, y eso que todavía no andaban por ahí los 4 fantásticos esos. Se trataba de estar siempre rigurosamente afeitado, que no sobrepase ni un pelillo, porque, explicaba, el mal humor se aloja en los vellos de la barba. Cortarles la cabeza es asegurarse el nirvana.

Sigo siendo desgraciado porque me horripila afeitarme aunque ahora entiendo lo que decía mi amigo cuando veo a los 4 fantásticos, y sobre todo a la Jessica esa, tan afeitaditos todos ellos. Son evidentemente felices, aunque por un momento, mientras veía esta obra cinematográfica desconocida para mí –¡cuánto tiempo perdido!—se me vino a la lengua una réplica de James M. Cain en su novela que dio lugar a la estupenda película “El cartero siempre llama dos veces”: Parecía la bisabuela de todas las rameras”.

Lo de la barba, ya me he acordado, el zumo de los 4 fantásticos es impresionantemente revelador, me ha venido a cuento de un periodista de París que dirigía un semanario y se estaba muriendo.

Era un tipo muy bregado, sin más miedo que el estrictamente necesario para no ser imbécil del todo, porque ya saben ustedes que nacemos imbéciles y a los nueve meses, cuando nuestros padres creen que apenas comprendemos las cosas, estamos en realidad atravesando un pasillo de dudas metafísicas que nos lleva a preguntarnos si no sería mejor poder elegir a los padres.

El periodista tuvo una idea para contar los días que le quedaban. Compró una loción para después del afeitado y empezó a aplicársela. Cada masaje era un cachito de menos en su vida. Un día supimos que había muerto. Nada se dijo sobre el nivel que tenía el frasco de loción.

Por supuesto, lo entiendo, y lo reconozco con toda la humildad de que no soy capaz, que todas estas ideas maravillosas me vienen naturalmente a la parte central de mi cerebro según se baja por el cerebelo por influencia del mensaje que he captado de esos 4 Fantásticos, hala, con mayúscula, que Dios tenga en su gloria.

Permítanme un momento de reflexión. ¿Cómo existen mentes tan maravillosas, tan adelantadas, como para concebir ese universo que ya no estaría tan mejor en blanco y negro? Es cierto que Hollywood siempre tuvo

a guionistas fabulosos, desde Faulkner a cualquier otro gran escritor que ustedes ya no recuerden porque nunca han oído su nombre, que el analfabetismo sigue siendo religión de Estado.

Y es que, comparándolo con los 4 Fantásticos, “Casablanca”, “Lo que el viento se llevó”, “La diligencia” y hasta “Fu Manchú” son obras desprovistas de fondo penetrante y pensante esparcido por un campo de trigo donde Van Gogh, Vicentito, se hubiese perdido y quizá ahogado como en la piscina de un ricachón del Beverly Hills de otros tiempos.

Si Serge Gainsbourg hubiese tenido la dicha de ver Los 4 Fantásticos, habría expirado entre los brazos de Jane Birkin suspirando en un susurro de entrega toral: “Et mourir de plaisir…”

PD: He visto “Fast and Furious 8”… ¡Que lleven los 4 Fantásticos al museo del Louvre, por favor!

Autor entrada: onmagazzine