Insomnio, ¿ensayo o prolegómeno de la muerte?

Marcelo Aparicio | Montaje Sergio Berrocal Jr

Un sueño, pesadilla o no; un dolor tan repentino como pasajero, te despiertan. Y zas, empieza ese inhóspito y cruel insomnio. La víctima recurre primero a la radio que tiene más a mano, el pequeño dolor se va repitiendo, la radio dice estupideces. La apaga, todavía no encendió luces por lo cual se acomoda y –optimista—en otra posición intenta retomar el cálido sueño. Ná. Y empieza a funcionar el mecanismo del pensamiento. Algunos recuerdos o personajes vienen a la memoria sin ser invitados. Ya te incorporas y enciendes la luz. Venga el libro de cabecera. Un rato volver a retomar el hilo.

Cada vez más despierto. Ya que voy a leer lo haré acompañado de un disco de Sade, mi chupete musical. El libro que a la luz del día era entusiasmante, con la luz esta horrible de ahora para ahorrar, creo que se llaman Leg, se vuelve como un mal momento esperando el metro. El libro ya no está interesante, pero  si se pusiera pesado al menos invitaría al sueño. Ni eso. Vuelvo a apagar la luz, dejar el libro y darle una oportunidad a la radio una vez acostada y dormida Sade, ella si. Se ve que no tiene problemas ni dolores. Son las señales horarias y dan las noticias.

Son repetición, a las cuatro de la madrugada, de lo escuchado y aguantado a las ocho de la noche, cuando la modorra iba anunciando un dulce sueño, ja ja. Bueno, si ni la radio, ni la música, ni la luz sirven de nada, con lo que pueden llegar a costar, hagamos ejercicios más consumidores de energía. Buscar un vinilo y  poner en funcionamiento el tocadiscos que se llamaba antes y la platina que suena mejor ahora. Nada de los preferidos como Rita Pavone, cuyo entusiasmo te puede de repente lanzar a la calle semidesnudo “dondolando nella stessa matonella” , saltando y brincando en la misma baldosa. Ni jazz que en esa situación suena estridente, ni Sade que se fue ya a dormir, ella si. Para esto fue inventado el Chill Out. Viene de perlas porque ya te has sentado en el ordenador, que, como el orinal, convive contigo en la habitación.

Para esto, claro. Pero empieza a refrescar fuera de la cama y te disfrazas con lo primero abrigado (después, a medida que avanza la reflexión veremos que habrá que cambiar vestimenta). Asi van pasando las horas, los camiones de la basura, los de reparto de la prensa, me gustaría que pasara el “aguatero” con su carro tirado por caballos sobre adoquines que hacían que las grandes lecheras hicieran una música torpe y desordenada. El lechero bajaba puerta por puerta, si había algún anfitrión despierto (habría insomnes seguro) le alcanzaba una cacerola y el lechero metía una lata con manija dentro del gran tambor lleno de un líquido blanco inmaculado, apartaba una gruesa nata (“no, no, déjela que los chicos se la devoran) y llenaba el recipiente de leche, espuma y nata. No el sucedáneo de líquido blanco que tomamos ahora. Se oyen las primeras persianas de algún kiosco cuyo dueño estará puteando por tener que despertarse tan temprano mientras yo añoro la leche tibia y el sueño.

El ordenador se ha puesto en marcha. Entretiene. La noche sigue oscura. Está incómodo. Mis últimos amigos que murieron fueron hallados muertos en un pasillo, al borde de la cama, solos. ¿qué pasa? Les falló el corazón, a la mayoría. ¿Una pelea a muerte contra el insomnio? ¿lucha de poderes? “Hasta aquí llegué” le espeta uno u otro. ¿o será que el insomnio tiene un pacto que desconocemos con la muerte y ambos se ponen de acuerdo en cuando cerrar el grifo? No temo al insomnio cuando estoy inmerso en él. Le temo antes de acostarme porque me digo, esta noche vendrá a divertirse o ya estuvo de sarao con la parca y decidieron joderme la noche a mí , a los míos, a mis amigos.

¿Y por qué algunos mueren del insomnio en el corredor de la casa y otros a las diez de la mañana durmiendo en la cama?. Deben tener características de murciélagos, ergo vampiros, y odian la luz. Es un pacto perverso que estoy tratando de descubrir de la muerte con el insomnio y antes que me muera, claro. Por lo pronto esto ha cambiado alguna de mis costumbres. En invierto más que pijama me disfrazo con lo más abrigado que tengo y en verano lo mismo. Ahora he decidido volver a ropa de noche convencional y utilizar la anacrónica “robe de chambre”, así cuando me encuentren tirado en la baldosa, inerte, al menos vean que me tomaba el buen gusto  en serio. Y trato de no dejar pistas, recojo los restos de algún Frankfurt, o de unas galletas con leche chocolatada, que sirven para entretener el estómago mientras se leen pelotudeces o no en el ordenador, se responden e-mails allí abandonados, se juguetea con FB y así vamos. ¿y cómo sucede? No saber responder a esto es lo que más me cabrea.

Me cabrea más que morirme y no verle la cara a quienes lloran mi muerte espontáneamente o crápulas que no me tragaban y lloran ante el desperdicio que ya seré. Porque no sé de ninguno de muerte repentina que fuera con un tazón de leche chocolatada (porque aquella espumosa y con nata la dejamos en la infancia cuando ni sabíamos qué era insomnio y lo que más odiábamos era dormir) y en el velorio te susurraran la exclusiva “junto a él apareció un tazón… pobrecito”. YTambién temo que quienes hallan el cadáver censuran algunas posiciones o situaciones (calzoncillos perforados, ausencia de ellos… etc) No, nada de eso. Es el puto insomnio y la puta muerte que se revuelcan mientras el insomne está haciendo todos estos artilugios para convencer al sueño, en una orgía de muerte sin sangre ni rastros que preparan vaya a saber bebiendo qué. Qué rabia me da. El pasillo oscuro (claro no encendemos la luz para no “despejarnos”) pero si vivimos solos ya nos encuentran con luz natural. De ahí a que hay que estar más o menos presentable.

Sin exagerar, no sea que el insomnio o la muerte estas cosas le repugnen y a último momento te alboroten el pelo y desacomoden la robe de chambre para acusarte de descuidado. Son muy perversos. Resultado. Uno hace una vida sacrificándose pero tratando también de divertirse a su manera, de pasarlo bien, de recibir y desplegar amor, para que de repente una noche  (por un café, por un chocolate negro 90% cacao puro, una fantasía sexual colada en un sueño, un pago no hecho en una pesadilla o la más frecuente mía que no llego a tiempo a un reportaje encargado porla francepresse…) te introduzcas en ese túnel oscuro del insomnio (¿al final del todo saldrán las lucecitas azules que dicen o las incorporaremos a un control de alcoholemia que viene en el guión de la pesadilla?) del que quizás no salgas porque la parca y el insomnio esa noche decidieron por ostras y caviar y una paletilla de cordero con salsa de menta, bebieron en exceso y aparecieron por tu casa. Después de estas reflexiones me parece que cambiaré el guión. No esperaré a ponerme la robe de chambre cuando empiece el fresco…. Me vuelvo a la cama con ella puesta, no sea que….

 

Noche primaveral del 19 al 20 de abril de 2017 en Sant Sadurní d’Anoia

Autor entrada: onmagazzine