el lunes del agua

Por Marcelo Aparicio | Montaje Sergio Berrocal Jr.

En Salamanca, España, no hay mayor jolgorio que hoy, Lunes del agua. Es, además, cuando se puede disfrutar del Hornazo, una soberbia empanada de masa grasienta, rellena de embutidos, carnes, verduras y huevo duro. ¿Y qué relación tiene, el agua, la empanada y el huevo?. Es una bonita historia, leyenda, que hoy los salmantinos vuelven a celebrar como todos los años.

Todo empezó cuando un predecesor homónimo del actual rey de España, Felipe II, decidió en 1543 ir a contraer bodas con Manuela de Portugal a Salamanca, una ciudad que entonces tenía casi tantos estudiantes entonces como población tenía Madrid. (8.000 contra 10,000)

 Ya está, pensarán rápidamente los lectores, lo que se celebra es esta boda. No, podría decirse que esta boda provoca una reacción que termina en el hornazo popularizado y en la celebración del Lunes del Agua.

Durante y después de la boda de Felipe y Manuela, el monarca advierte un desenfreno popular en las fiestas, ya que la población juvenil se daba a todo tipo de licencias en cualquier celebración, como era de esperar.

Tuvieron lugar las bodas, en la actual Plaza de los Bandos y los festejos duraron cuatro días y n oches hasta que los recién casados marcharon , dejando una estela de festejos, saraos, orgías, corridas de toros, juegos populares, justas y torneos que alegraron y sacudieron la tranquila ciudad estudiantil.

Pero los reyes, lo hemos comprobado, son expertos en una doble moral y sobre todo en una doble vida. Es tal la sorpresa que nuestro joven rey de 16 años, que se jacta de rectitud moral y buen cristiano , que ante este desenfreno dicta un edicto por el cual decide alejar el putiferio de la ciudad.  

 Una bacanal –que le contaron era casi costumbre—en la que participaban  becados, y , señoritos de postín; y que movilizan a criados, mozos de cuadra, taberneros, curas corruptos, catedráticos de todo tipo y pelaje, “prostitutas para todos los bolsillos y dones, rameras con más bachillerías que los propios estudiantes, lavanderas, amas de llaves, buhoneros y feriantes” dicen historiadores.

El edicto decide que durante los días de Cuaresma y Pasión, las prostitutas y mujeres de poca fe y de poco fiar sean trasladadas de la ciudad a la otra orilla del río. Desde entonces, cuando terminan las celebraciones de Semana Santa, la ciudad se lanzaba a repetir las fiestas y desenfrenos que precedieron esa boda inmaculada, para lo cual en canoas van a buscar a las rameras y putas al otro lado del río. Allí las espera gran parte de la población provistas de empanadas y el que después se hizo famoso como el plato emblemático de Salamanca: el hornazo.

Plato suculento y casero que exige mucho vino y que debido al cruce del río en busca de las dueñas del placer, se celebra el lunes siguiente a Semana Santa con el nunca mejor nombre que el Lunes del agua, que atravesaban esos valientes en busca de las mujeres prohibidas.Buen provecho si buscan la receta y la hacen , porque ese placer es inigualable, sobre todo si se piensa en los ingredientes prohibidos…

 

Autor entrada: onmagazzine