La nostalgia de James Joyce

Sergio Berrocal | Montaje Sergio Berrocal Jr

Malandrines obtusos y profundamente analfabetos de sentimientos auténticos, de los falsos saben mucho, porque sentir es padecer, profesan la teoría de que no hay que mirar al pasado. Siempre con la mirada al frente, como aquellos japonesitos tan disciplinados que un día de 1945, era agosto, el sol calentaba, quedaron irradiados para la vida con la primera bomba atómica que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima, que luego fue el mon amour de todos.

Imagino que los descendientes de los muertos y de los sobrevivientes no mirarán tanto al frente, a menos que sea hacia el cielo por si las moscas, aunque a ellos les guste la canción de Cole Porter.

Sin su pasado, James Joyce, uno de los más grandes escritores del siglo XX, no hubiese tenido su presente y nunca hubiese escrito “Ulises”, esa novela de la que se sigue discutiendo, casi siempre con admiración por una escritura inigualable.

El libro de este profesor irlandés, publicado en 1922, se nutre de las vivencias de toda su vida en Dublin, ciudad que adoró, que a veces le traicionó pero que nunca apartó de su corazón, y a la que describió mejor que cualquier egiptólogo de la razón de los sentimientos en sus sublimes cuentos agrupados bajo el título “Dublineses”, uno de los cuales llevó al cine otro irlandés de pro, John Huston. Tan forofo de Irlanda que siendo norteamericano de nacimiento se hizo irlandés, con papeles y todo. Dos personalidades fuertes unidas por un mismo amor, el de ese pasado que tanto odian esos teóricos del hoy plagado de todas las epidemias de Egipto que niegan la existencia de ese dios llamado Pasado, porque la imbecilidad unida al desconocimiento engendra monstruos que llegan a gobernar el pensamiento.

Leo Le Monde, diario francés de exquisito prestigio muy leído en este último fortín europeo donde acabo de vivir cuando Francisco Franco era dictador de España. Una forma de saber más o menos lo que ocurría entonces en este país, donde la irrupción no autorizada de Play-Boy, Lui y alguna que otra revista atrevida, y no solamente por sus fotos, ponía en guardia precisamente a todos los que aconsejaban mirar al frente.

Leo Le Monde en el año de desgracia 2017 más que nada por esa nostalgia tan denostada. Cuando lo he arrancado al atril donde exhibía sus promesas de buena información he recordado a un compañero de cuando en 1960 lanzábamos una Redacción en español para España y América Latina en la Agencia France Presse (AFP) de París, una de las tres grandes formas noticiosas mundiales de conocer lo que pasa en todas partes.

Pablo de la Higuera, escritor gallego sabiendo escribir, llegó a publicar diariamente durante mucho tiempo un “billet”, artículo tan corto como incisivo, en la primera plana de Le Monde, lo que para un español era algo parecido a lo que para Joyce fue “Ulises”, aunque quizá exagere un poco.

Todo el verbo socarrón de un muchacho de El Grove, creo que había nacido allí, analizaba la actualidad francesa y lo que fuera con un desparpajo emblemático y sin que nadie nunca le recordase que, finalmente, era un emigrante más acomodado como periodista que los que trabajaban como mano de obra en las fábricas Renault.

Esa Redacción de la AFP fue un vivero de buenas plumas donde también estuvo un ratito el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

De aquellos años del cuplé en que un gallego daba lecciones de buen entender la vida a los franceses era también Mireille Darc, la actriz francesa que nos enamoró a todos los que entonces estábamos en edad de ser enamorados.

Ahora Mireille tiene 78 años, cuando la conocimos con apenas veintitantos, y sigue tan bonita como era entonces. Salvo que lleva una temporada luchando contra las pesadas bromas de la vida.

Sonríe desde la portada que le consagra otro periódico mítico que aquellos años, el semanario Paris Match, al que confía que se está recuperando después de haber sufrido dos hemorragias cerebrales en septiembre del año pasado.

Ya sé que no es trascendental pero ella también contribuyó a hacer felices a millones de personas a través de la magia del cine y se merece estas pocas líneas en forma de agradecimiento.

 

 

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Autor entrada: onmagazzine