Las mil murallas de China

Sergio Berrocal | Montaje Sergio Berrocal Jr

Te temblequea el entendimiento, se te azora el acelerador del pensamiento y rezas para que todo eso no sea más que una falacia inventada por Vladimir Putin y Donald Trump.

Mucho trabajito cuesta imaginarlo. Lo mismo que no se puede pensar que Van Gogh no se cortó una oreja por amor, puro amor, por una prostituta y no por una rabieta entre pintores.

Se te nubla el cielo de la boca como aquella vez que alguien te dijo de mala manera y sin pruebas forenses que Asterix no existió, que es un puro dibujo animado inventado por los servicios secretos franceses, sección engañifas, en tiempos de Charles de Gaulle que era tan patriota.

Se te ablandan las carnes pensarlo y no digamos imaginarlo. Porque si es cierto lo que se inventan sería como negar que alguna vez tuviste un verano del 42 con aquella mujer madura de un pueblo de Hollywood con vistas al mar.

Sería como admitir que Esther Williams, la maravillosa sirena de piernas espectaculares, a la que conociste en la película “Escuela de sirenas” no te ayudó a entender, casi a comprender, que tu profesora de Literatura de Quinto de Bachillerato era mucha mujer para ti y que además estaba casada. Y te recordó que a García Lorca ya le ocurrió una aventura desdichada cuando se llevó al río a una mujer creyendo que era mozuela, cuando en realidad estaba más que casada por la Santa Iglesia Apostólica romana.

Ya sabemos que el canal de televisión franco-alemán ARTE es de lo más rigurosamente serio pero admitir a tu edad que Marco Polo, el primer guapo de la pantalla, aquel que en el siglo XIII fue a caballo desde Venecia a China y conquistó grandes tesoros y todo tipo de honores, era un poquillo embustero…

Especialistas de primera fila como la profesora británica Frances Woods y el sinólogo Hans Ulrich Vogel piensan en la posible mitomanía del aventurero porque les extraña un montón que habiendo estado en la China suntuosa del siglo XIII, Marco no hubiese hablado nunca en sus muchos escritos de la célebre muralla de China.

Nadie piensa que un olvido lo tiene cualquiera y no digamos un despiste. Sobre todo que se han acumulado ya muchos siglos encima de esas cabalgatas y esas aventuras.

En épocas más recientes, pongamos por caso la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), ha habido mil interpretaciones de tantos acontecimientos como se sucedieron en esos años de guerra feroz. Es casi seguro, por descontado, que si los profesionales de la investigación se ponen a escarbar en algo tan sensible como los heroísmos, en las traiciones y otros detalles, alguno se daría cuenta de que lo que se ha olvidado ha sido mucho y probablemente por intereses más que concretos.

Más vale no indagar en la conducción de la guerra, en quién, cómo y por qué, en si los alemanes eran todos nazis como durante muchos años mantuvo una propaganda interesada en que así se creyera.

Setenta y dos años después de la partida de las tropas alemanas de Francia y especialmente de París, los enigmas son mucho más sabrosos que los “olvidos” de Marco Polo con la muralla de China.

En Francia, hablar de lo que allí se denomina ocupación alemana es un tema bastante tabú porque no siempre estuvieron los buenos donde se creía ni los malos donde se pensó.

Los primeros días de la entrada de las tropas aliadas en París, tras la huida de los invasores nazis, grupos de “resistentes” (franceses que supuestamente habían resistido a los alemanes, y de los que no todos eran lo que decían) se dedicaron a una de las más execrables venganzas, cortar el pelo al cero de todas las francesas que habían tenido contacto carnal con alemanes ocupantes.

La conclusión es que no todas mujeres eran culpables de “traición” o de algo parecido. La mayoría tenía sus maridos en el frente, o algunos incluso habían muerto, y ellas encontraron un poco de amor o al menos de cariño en otros hombres cuyo único estigma era llevar un uniforme que Adolfo Hitler había obligado a endosar a todos los alemanes en edad de coger un fusil.

Sobre este escabroso episodio no todo ha sido dicho pese a que se han escrito muy documentados libros.

Hay muchas murallas de China que más vale no ver.

 

Autor entrada: onmagazzine