Mi padre

Jose Luis Conde Ayala | Montaje Sergio Berrocal Jr

Ni mis hermanos –ni tampoco nadie que conociera entonces ni haya rozado  nunca- olía como él, pues en las mañanas todo su cuerpo era aroma a jabón perfumado con esencias antiguas y  tan sugestiva  era su fragancia que todavía hoy, después de 44 o 45 años de agresiones a la memoria, mantengo vivo su olor… 

Algunas mañanas -en las tempranas horas que nos levantaban  para ir al colegio- entraba  él en nuestro dormitorio con discreción  para despertarnos por encargo de mi madre, o quizás por su propio deseo para regalarnos en secreto -y sin testigos- una levísima caricia, pues él era hombre cabal a la antigua y casi con educación inglesa  y por tanto poco dado a materializar con besos o mimos sus afectos o flaquezas. 

Y adivinábamos su presencia entre las penumbras del dormitorio por su olor penetrante a limpio y fresco, antes  que su mano rozara nuestras cabezas aún adormiladas, antes que su grave voz nos despertase, antes de  abrir los ojos aturdidos por el largo sueño y antes –incluso- que los sentidos recuperaran la vida y la plenitud… No importaba que mis hermanos  y yo estuviéramos entontecidos y sin voluntad por el sopor, pues nos manteníamos inmóviles en la casi oscuridad y con los afanes puestos en que nos empapara su aroma a jabón y  anhelando conservarlo por el resto de nuestras vidas. 

 

Autor entrada: onmagazzine