Fuera jineteras

Por Sergio Berrocal

En la suite del Hotel Nacional que todos los años por épocas festivaleras se convertía en cuartel general de Alfredo Guevara, el verdadero patrón del cine cubano, estuviese donde estuviese e hiciese lo que hiciera, la euforia un tanto alcoholizada reinaba. Creo que yo era el único periodista extranjero invitado para celebrar el triunfo que la difícil realización de “Fresa y chocolate” para quienes querían ya una Cuba menos rígida con algo tan delicado como la homosexualidad,

El entonces director del Festival, Pepe Horta, participaba en la fiesta, como hombre fiel de Guevara que era, y sin más me dijo que estaba preparando una película sobre las jineteras, fenómeno digno de estudio ya que estas deliciosas prostitutas callejeras, hoy quizá las llaman trabajadoras del amor o alguna chorrada parecida, eran un elemento predominante del paisaje habanero.

Mi crónica con este proyecto salió aquella misma tarde hacia París, desde donde se “rebotaría” para toda América Latina. Pero, por supuesto, los cubanos ya la habían leído antes de que el editor de la AFP en Francia tuviese tiempo de largarla.

Al día siguiente, cuando salí del Nacional me pareció que faltaba algo en la calle y, sin embargo, todo parecía normalito. Pero… Entonces caí. Las jineteras que todas las mañanas me deseaban buenos días cuando me veían pasar no estaban en la puerta.

No había ni una. Indagué entre el personal del hotel que puso cara de James Bond en el momento de hacerle una barrabasada al malo de turno.Llegué a la AFP y les conté lo que ocurría. Hubo algunas sonrisas y el hombre que lo sabía todo de Cuba, el periodista argentino Chango, entonces director adjunto de la agencia francesa, se permitió una de esas sonrisas que no solía exhibir tan fácilmente.

Estaba claro. Ciertos miembros del Partido Comunista, viejos y amargados a los que la permisividad de “Fresa y chocolate” les parecía una injuria a todos los principios del marxismo, habían dado las órdenes oportunas. Y mandaron que las jineteras desaparecieran por 24 horas –tampoco se les podía apartar demasiado tiempo por consideraciones mercantiles–.

Al día siguiente, las chiquillas de siempre –una de ellas, Economista, me enseñaría una noche en el bar del Nacional los principios de la inversión en bolsa—estaban en sus puestos y me saludaron como si una mala gripe nos hubiese tenido unas lejos del otro.

Supongo que no les extraña si les comento que la película proyectada por Pepe Horta nunca llegó a realizarse.

Años después, Pepe se marchó a Miami donde montó un café que tuvo un éxito abracadabrante. Lo bautizó “Nostalgia”-

 

 

Autor entrada: onmagazzine